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martes, 7 de abril de 2015

Sexting. ¿Sabes a quién le das la llave de tu candado?

En mi afán por indagar en todos esos “ings” que nos bombardean cada día, hay uno que me llama especialmente la atención y que hemos oído miles de veces. El sexting, contracción anglosajona de sex y texting, se refiere al envío de contenidos eróticos o pornográficos vía teléfono móvil que parece extenderse cada vez más entre nuestros adolescentes[1].

No es un término novedoso, según las fuentes consultadas, ya apareció hace más de 10 años y, en encuestas de años posteriores (2008, EEUU), se ha podido constatar que:
-          más del 22% de las mujeres había enviado contenido erótico a través del móvil
-          el 33% de los chicos y el 25% de las chicas encuestadas habían admitido que se les había mostrado algún mensaje de asunto privado
A medida que ha ido pasando el tiempo y se han ido realizando encuestas, las cifras aumentan desmesuradamente.

No es de extrañar que alguno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, enviemos o recibamos mensajes que comúnmente denominamos “subidos de tono”, pero las nuevas tecnologías nos hacen ir más allá, adjuntando fotos o videos de carácter privado que en innumerables ocasiones dejan de formar parte de nuestro ámbito más íntimo. Todo ello provoca una serie de consecuencias sociales que van desde la vergüenza hasta el suicidio, de ahí la gravedad de este “ing”. Asimismo, dependiendo del sistema jurídico de cada país, podemos caer en varios problemas legales (incluso penales):
· Producción, posesión y/o distribución de pornografía infantil
· Corrupción de menores.
· Vulneración del derecho al honor y a la propia imagen.
· Difusión ilícita de datos personales 
· Acoso.
· Sextorsión[2]

Según un artículo de elconfidencial.com de febrero de 2014, hemos de quitarnos de la cabeza de que es una práctica totalmente adolescente. Es cierto que una revolución hormonal combinada con ganas de divertirse y la facilidad de tener una cámara a mano en cualquier momento, propicia este hecho, pero la realidad es que más de un 50% de adultos lo ha llevado a cabo en algún momento, siendo variadas las tasas según género y franja de edad.

Siempre creemos que los factores de riesgo nacen de las personas a las que se les envía el mensaje, pero el mayor factor de riesgo se encuentra en nosotros, y es dentro de nosotros mismos desde dónde podemos erradicarlos. Por tanto, sólo de uno mismo depende que la difusión de contenidos privados no trascienda. Las soluciones también son diversas: desde pensarse dos veces a quién enviamos los mensajes o asegurarnos (algo difícil) de que quién lo recibe no hará un uso impropio o lo borrará, hasta evitar hacerlos llegar a según qué personas. Es un hecho empírico que quiénes más difunden estos mensajes son exparejas.

Lo que es alarmante es saber que hasta un 10% de jóvenes entre 10 y 16 años lo practican y las secuelas psicológicas que en ellos provoca. Así que la mejor previsión es asegurarse de que nuestros menores no lo hacen (siempre acabamos recurriendo a la importancia del proceso de socialización primario). Quiero hacer mención de una leyenda urbana sobre un médico que conozco que cuenta que cuando las chicas jóvenes van a pedirle consejo sobre anticonceptivos, siempre les dice: “La mejor manera de no quedarte, es no hacerlo”. Muchos dirán que eso es perderse la parte divertida de la vida a la par que placentera, pero no podemos negar que es una verdad como un templo que el riesgo en este caso se minimiza a cero. Igualmente, no está de más decir que es importante que seamos celosos, o como mínimo cautos, en lo que se refiere a nuestra intimidad.

Casos de sexting famosos:

- Hackeo del móvil de Scarlett Johansson
- Jennette McCurdy, presentadora de un programa infantil
- Jennifer Lawrence y su exnovio
- Descubiertos los escarceos sexuales de Tiger Woods fuera de su matrimonio por el envío de sms
- Sandra Bullock también descubrió que su exmarido le era infiel por imágenes y mensajes explícitos que se encontraban en su móvil, al igual que Eva Longoria y Tony Parker.

Lo que está claro es que lo que hacemos con nuestro móvil, no es lo que se puede hacer con una bicicleta, así que hay que tener cuidado de dejar la llave del candado en según qué manos.

“Ab amico reconciliatio cave” – Guárdate de amigo reconciliado



[1] Fuente: Wikipedia 
[2] La sextorsión (extorsión sexual) es una forma de explotación sexual en la cual una persona es chantajeada con una imagen o vídeo de sí misma desnuda o realizando actos sexuales, que generalmente ha sido previamente compartida mediante sexting.



Angie Muñoz
Estudiante Criminología UOC
Twitter:@anxineta

Administradora Blog Ex Unge Leonem: anxineta.blogspot.com

lunes, 23 de febrero de 2015

Ser o no ser (criminólogo)... esa es la cuestión


Primero de todo quiero recalcar que esto no es más que una opinión propia y personal y que, lo último que quiero es generalizar. Este es un artículo que escribí hace unos meses en mi blog y, si hoy lo expongo, es porque sigo pensando lo mismo.


“He de reconocer que es muy posible que vaya a tirar piedras sobre mi propio tejado metiéndome en este tema, pero me desilusiona leer algunos artículos (por lo que veo, muy de moda ahora) relacionados con el debate sobre a quién se le puede llamar criminólogo y a quién no.

Que si los primeros criminólogos tenían un título propio y eso no sirve de nada; que si después podía estudiarse como licenciatura y ésta tiene infinidad de carencias; que si el Ministerio de Educación reconoce que lo que sirve es cursar el Grado y es lo que va a misa; que gracias a los Colegios de Criminólogos que se están creando porqué ellos serán los filtros de la justicia…

Respeto todos y cada uno de los comentarios y artículos leídos aunque vinieran a decir algo así como “Gracias por el camino que habéis abierto para nosotros y todo lo que habéis aportado pero, dejad paso que ahora llegamos nosotros con nuestro título oficial debajo del brazo”. No quiero frivolizar con este tema y menos generalizar, porque hay muchas otras personas que no piensan así. Y a los que sí su opinión es muy respetable también.





Como siempre y como todo, para gustos los colores. Pero una vez más se reabre el debate de la “titulitis”. Vivimos en una época y sociedad en que parece que esta “titulitis” se impone ante el esfuerzo, el reciclaje, la implicación y la humanidad (ahondar en los motivos sería un tema aparte, cada uno tiene los suyos). Que te apasione algo y no tengas un título no sirve; que quieras ayudar y no tengas un título no sirve; que quieras avanzar sin un título no sirve de nada… Si optamos por una visión general de todo lo que nos rodea, tener un título sólo nos certifica que hemos pagado por unos estudios que hemos superado y colegiarnos significa que pagamos para pertenecer a un colectivo con un título oficial (que también es importante, por supuesto, pero ¿hasta qué punto?).

Estudiar es lo más importante para obtener una base adecuada y unos conocimientos básicos por los que empezar a crear un futuro, pero no sirve de nada si no te apasiona lo que has estudiado, pones tu empeño en seguir indagando en tu campo o pretendes hacer algo de provecho con las herramientas que tienes al alcance de tu mano. ¿Cuántas ocasiones hemos acudido a algún profesional porque necesitamos de sus servicios y nos hemos ido peor de cómo hemos entrado? ¿Cuántas veces hemos acudido a la Administración y hemos pensado que sin habernos movido de casa estaríamos en el mismo punto? ¿Por qué en la mayoría de sistemas de elección de personal se opta por el mejor titulado? ¿O el que mejor pasa una batería de test? ¿O el que mejor se defiende en una entrevista personal? Y así, sucesivamente…

Bien cierto es que cada puesto de trabajo exige unas condiciones y que, hay muchos ejemplos de profesiones que sin un título no podrían ejercer ya que en sus manos está la salud (física o mental) de nuestros ciudadanos, o parte de la educación de nuestros hijos, o los ahorros de toda nuestra vida o nuestra seguridad o lo que sea. Pero lo importante además de ser un buen profesional (sea lo que sea a lo que te dediques y tengas un título oficial o un título de plastilina) es la implicación, el esfuerzo y la pasión que pongas en lo que haces. No podemos dejar que nos envuelva el halo de ser meros números en multinacionales y no tan multinacionales aunque laboralmente nos eduquen así, porque ese es el primer paso hacia el automatismo. En ocasiones tenemos que dejar que algunos casos nos afecten porque es la prueba más fehaciente de que seguimos siendo humanos y que todos, al fin y al cabo, acabaremos en un hoyo similar, con más o menos flores, pero en un hoyo. Y todo esto es lo que debe empujarnos a ser cada día mejores, no sólo por nosotros y nuestro bolsillo o reconocimiento, sino sobretodo por los demás y más aquellos que nos dedicamos o dedicaremos a alguna rama con un FIN SOCIAL.


Como se dice en muchos casos: “Si quieres recorrer un camino rápido hazlo solo, pero si quieres no perderte entre las adversidades que te pueda deparar hazlo acompañado”. Y hay que tener en cuenta que ese mismo camino ya hay quien lo ha hecho antes que nosotros, y lo ha hecho bien con lo que ha tenido a su alcance en su momento, y que se esfuerza por mostrarnos lo que ha encontrado para que nosotros vayamos prevenidos y que nos tiende su mano como trampolín para que nosotros cojamos el relevo. No podemos centrar nuestros argumentos en un Sistema Educativo que ha cambiado cada dos por tres y que sigue siendo nefasto porque el título que hoy obtenemos nosotros mañana no puede servir para nada. Hay que coger de la mano al que tienes al lado y caminar hacia un mismo lugar, con tu esfuerzo y el suyo haciendo que funcione la maquinaria y el que no esté dispuesto que se suelte. Hay que ofrecer facilidades a los que quieren seguir tirando del carro y que sea su interés el que hable por ellos y no un trozo de papel que ponga que es tal o cual.

Sé que no muchos no verán la conexión entre un criminólogo y una ONG, pero cuando hablo de este tema me viene a la mente un ejemplo que he vivido, si no en primera persona, en segunda o en tercera… Es muy triste que alguien que quiera enrolarse en una ONG para AYUDAR, tenga que ser médico o profesor o pedagogo o… qué más da. Para mover un saco desde un camión al suelo no hace falta tener un título, a veces ni siquiera fuerza. Para llevar unas camisetas a unos niños y ponerse a jugar a fútbol no hace falta saber jugar. Para curar una herida o poner una vacuna sí. Debemos recordarnos de vez en cuando que, para cualquier tarea social lo importante es ser humano y ser consciente de que cada persona tenemos nuestras limitaciones pero otros muchos valores y que cada uno tenemos nuestro lugar y forma de desenvolvernos. Es verdad que la voluntad sola no siempre lo soluciona todo pero ayuda”. 


“Philosophum non facit barba” (La barba no hace al filósofo)

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Angie Muñoz Mejías
Estudiante de Criminología UOC

                Twitter: @anxineta

viernes, 13 de febrero de 2015

Ignorar los vestigios en una investigación



La detección,  identificación y análisis CERTEROS de vestigios es una de las bases fundamentales sobre la que se apoya una investigación criminológica. Estas “pruebas” no sirven de nada si, después de pasar por ciertas manos, se acaban ignorando. En muchos de los casos son las víctimas las que sufren las consecuencias y no pueden “pasar página” o intentar “empezar desde cero” al no poder ponerle rostro a un/unos culpable/s. En otras ocasiones, son personas que, sin comerlo ni beberlo, se ven entre rejas porque sí y, algunos de ellos, gracias a que los casos que se investigan son extremadamente mediáticos, no pueden rehacer sus vidas sin ayuda.

He acabado de leer el libro “El rastro del asesino: el perfil psicológico de los criminales en la investigación policial” de Vicente Garrido. En él, tras leer cuatro de los cinco casos que expone, se pincela de forma muy sutil que en alguno de ellos, antes de “atrapar” al culpable, ya se detuvo a gente que no tenía nada que ver.

En el caso Ferrándiz, se detuvo a un camionero erróneamente. En el caso del Asesino de la Baraja, por orden del delegado de gobierno, por la presión de tener las elecciones a la vuelta de la esquina, se detiene a un sospechoso sin tener las pruebas suficientes. En 1998, la INTERPOL envía una orden a España, dando todos los datos de un criminal llamado Tony King, detallando la cantidad de atrocidades por las que es buscado y, tras ignorar las “señales” se detiene a Dolores Vázquez por uno de los delitos que él mismo comete.

Si tecleamos en Google: “encarcelados por error”, podremos encontrar una base de datos que traducida en tomos no cabría en nuestra biblioteca personal. Johnny Briscoe (Missouri) pasó 23 años en prisión bajo cargos de violación, sodomía, robo y asalto a mano armada sin tener evidencias irrefutables de ello. Rafael Ricardi (Cádiz) murió de una parada cardíaca al no haber superado las secuelas de 13 años de cárcel por dos delitos de violación que nunca cometió. Unas pruebas de ADN mal etiquetadas llevaron a un gallego que nunca había estado en los hechos del crimen a pasar 260 días preso. Etc, etc, etc… Si seguimos, no acabamos.

Podemos poner solución a esto, pero todas las partes implicadas deben colaborar. No sirve de nada que 2 de 3 hagan bien su trabajo, si el tercero obvia las evidencias, “necesita” quitarse del medio “papeleo”, le interesa ponerle nombre a un show televisivo o colgarse una medalla. Lo importante es la EFICIENCIA; trabajar muy rápido no es sinónimo de que se esté haciendo algo bien; utilizar muchos recursos no quiere decir que todo lo que llegue a nuestras manos nos sirva; hay que gestionar lo que disponemos de forma correcta y hacerlo en el tiempo que sea necesario sin dormirnos en los laureles. Debemos dejar de lado el “Ande yo caliente, ríase la gente” porque  lo único que podemos conseguir es que alguien sufra las consecuencias. Y aunque el tiempo ponga a todo el mundo en su sitio, a algunos una indemnización no les sirve de nada. Pero como en todo, eso ya es cuestión del nivel de moralidad de cada uno.

“Es cosa fácil ser bueno: lo difícil es ser justo” – Victor Hugo

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Angie Muñoz Mejías
Estudiante de Criminología UOC
Contacto: anxineta@gmail.com