miércoles, 28 de octubre de 2015

EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO




EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO


¿Cómo es posible que una persona víctima de un secuestro durante un largo periodo pueda decir que le han tratado bien? Puede que, en efecto, y bajo lo que esto supone, sea así teniendo en cuenta las circunstancias.

Una respuesta positiva al secuestro no obedece siempre al llamado “Síndrome de Estocolmo”. A lo largo de la convivencia con los secuestradores, el sujeto que ha sido secuestrado puede darse cuenta de que los secuestradores objetivamente hablando tienen parte de razón, o de que son subjetivamente buena gente, aunque no se les reconozca la razón. 
 
Es importante comenzar con una introducción hacia el significado principal de este fenómeno, ser conocedor de su origen para poder adjudicarle un sentido, y también tener conocimiento acerca de los factores que provocan, los efectos secundarios que se pueden sufrir, como trastornos, depresiones, ansiedad, y finalmente exponer una serie de posibles tratamientos eficaces cuando se ha sufrido esto tras un secuestro.

Es cierto que en una inmensidad de casos se puede dar éste síndrome en las víctimas, ya sea de violencia de género, violencia doméstica, violencia intrafamiliar y otros diversos. Pero para esta investigación, ha sido una importante elección la del secuestro. Es algo que a nuestro parecer se está dando muy poca importancia. Hay otros países con mayores estadísticas de secuestro, como Colombia, México… Pero no es más cierto que ha habido múltiples casos en España, y que el hecho de que no estén teniendo lugar en la actualidad no significa que en un futuro no vaya a suceder.

Conocemos el secuestro como la privación de libertado por un motivo o cuestión ajena a la voluntad del detenido. Por lo tanto, este fenómeno podría resultar uno de los actos más violentos en contra de dicha persona y se traduce en un síndrome de dificultades psicológicas, personales y familiares. 

Poniendo un país de ejemplo en el que se produce en gran cantidad el secuestro, hablamos de Colombia, en la que el secuestro ha sido tomado como una estrategia con diversos fines por grupos guerrilleros, como por ejemplo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (También conocidas como las FARC) y el Ejército de Liberación Nacional, delincuentes comunes y, durante un tiempo, grupos paramilitares.

En este país, podemos hacer un recuento total de 23.401 personas secuestradas entre los años 1996 y 2007. De entre esta cifra podemos calcular que durante el cautiverio han muerto aproximadamente 1.288 y las muertes han resultado ser por enfermedad o por asesinato cuando el sujeto trataba la fuga.
Desde el punto de vista psiquiátrico, los problemas para el secuestrado pueden surgir durante el cautiverio y después de éste (En el periodo de adaptación post-secuestro). Algunos de los problemas generalmente relatados son: Trastorno de ansiedad generalizado, estrés, fobias de diversa índole, obsesiones, estrés pos-traumático, trastornos depresivos, problemas psicosomáticos, trastornos del sueño y trastornos paranoides.

Por parte de la familia se pueden presentar estos mismos cuadros y dificultades con los duelos, que se suelen complicar por las circunstancias de escasa, nula o equívoca información. 

Origen del Síndrome de Estocolmo

Este síndrome no ha sido siempre así denominado, es más, hasta hace realmente poco se comenzó con la investigación acerca de este sujeto cuando éste se personalizó en Estocolmo. Para tener un conocimiento certero acerca del Síndrome de Estocolmo, debemos remontarnos a sus orígenes. 


El origen del Síndrome de Estocolmo data del año 1973, cuarenta y dos años atrás, en el que dos delincuentes armados con ametralladoras asaltaron una sucursal del Banco de Crédito de la capital sueca, y tras disparar a dos agentes, Erik Olsson y Clark tomaron a cuatro rehenes, tres mujeres y un hombre

Las negociaciones duraron seis días, que fueron suficientes para que finalmente la policía pusiera fin al asalto sin permitir un solo herido más. Aquí no termina todo, una de las rehenes, Kristin Enmark, la cual ejerció como portavoz de los retenidos, mostró abiertamente una clara simpatía y confianza plena hacia su secuestrador, a pesar de que Olsson había amenazado con poner fin a sus vidas y les había llegado a poner una soga al cuello.
En entrevistas posteriores los rehenes, que fueron amenazados, maltratados y tuvieron en peligro sus vidas, apoyaban a los secuestradores y temían a los agentes que los rescataron. Una de las mujeres tuvo una relación con uno de los criminales y otra creó un fondo para ayudar con los gastos de la defensa. Estaba claro que habían establecido un vínculo con sus asaltantes.

“Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él” fueron las palabras de Kristin, dispuesta a aceptar la propuesta de Olsson de que los dejaran salir en coche llevándose a dos rehenes.

“No me asusta Clark ni su compañero, me asusta la policía”. Esta fue la declaración de otra de las rehenes. Según relata Olssen, el protagonista de la historia, los rehenes se pusieron de su parte, llegando incluso a protegerle para que la policía no pudiera dispararle.

Tras este extraño y peculiar incidente, el psiquiatra Nils Bejerot, el cual asesoró a la policía sueca, acuñó el término que estamos tratando para referirse a la paradójica y desconcertante reacción del rehén, que incluye un conjunto de mecanismos psicológicos que determinan la formación de un vínculo afectivo de dependencia entre las víctimas de un secuestro y sus captores y, sobretodo, la asunción por parte de los rehenes de las ideas, creencias, motivos o razones que esgrimen a sus secuestradores para privarles de libertad (Gómez)[1].

Nils Bejerot, explicó las razones que motivan a los secuestrados a defender a sus secuestradores. Describe que es más común que una persona que haya sido víctima de algún tipo de abuso llegue a experimentar simpatía por sus captores. Se ha descrito en:

·         Rehenes o secuestrados
·         Prisioneros de campos de concentración
·         Miembros de una orden de culto
·         Prisioneros de guerra
·         Prostitutas
·         Víctimas de incesto
·         Niños víctimas de abusos psicológicos
·         Mujeres maltratadas por su pareja y/o familia

Se han reportado cuatro motivos por los cuales pueden presentarse el síndrome de Estocolmo:
 
· El rehén siente una amenaza física o psicológica por sobrevivir, y sólo el secuestrador puede quitar tal amenaza.
· El rehén siente alguna comparación por parte del secuestrador.
· Aislamiento de perspectivas (Sensación de aislamiento del exterior y de abandono) aparte de las que puede provocar el propio secuestrador.
·  El rehén siente que no hay posibilidad de escape (O hay un gran riesgo al intentarlo).

El nombre de este síndrome saltó a la fama y al conocimiento de la sociedad debido a otro secuestro, esta vez se trataba de Patricia Hearst, capturada por el Ejército Simbiótico de Liberación. Dos meses después, no dejó a nadie indiferente la famosa fotografía de la joven asaltando un banco junto a sus secuestradores. Una vez detenida, sus abogados alegaron el recientemente acuñado término del “Síndrome de Estocolmo”, pero finalmente Patty fue condenada por asalto.

Aproximadamente, hablamos de que uno de cada cuatro rehenes sufre este síndrome que tendría su origen en una particular manera de ver la situación en la que éstos se encuentran[2]: La de sentir que el secuestrador le salva la vida simplemente al optar por no quitársela. Lo que sorprende es que la persona secuestrada parece ponerse de parte del secuestrador en vez de ponerse a favor de sus rescatadores, que son los que le darán la libertad. Esto ocurre seguramente porque su captor ha estado muy próximo y no le ha matado, aunque podía haberlo hecho, le ha dado de comer y le ha hecho un lavado de cerebro. El rehén llega a un cierto pacto de no agresión, pero en el fondo, sin saberlo, lo que busca es salvar su vida (Urra)[3].
Dicen los psicólogos que, en caso de secuestro, es frecuente que la respuesta del secuestro se adapte a la pauta del llamado “Síndrome de Estocolmo”. Sometido a una presión insoportable, para mantener el equilibrio psíquico, acaba amando la mano que amenaza con golpearle, ofrece su amor al secuestrador para evitar el castigo.

 Factores y tratamiento
Durante un secuestro, uno de los factores más importantes para que se dé el Síndrome de Estocolmo es el trato que reciban las víctimas. En la medida en la que el secuestrador haya sido más agresivo, la posibilidad de que éste se presente disminuye sensiblemente[4], en cambio si ha sido muy bueno, sin haber mucha violencia, entonces la posibilidad aumenta notablemente.
Otros factores para que ocurra este fenómeno son la edad de la persona que ha sido secuestrada -"encontré que mientras más joven es la persona más tendencia hay para que se presenten síntomas parecidos a los de este síndrome", explica el especialista- y el tiempo, "si el secuestro ha sido muy prolongado, la posibilidad de que haya una identificación aumenta".
Correal, un buen ejemplo de víctima  de secuestro, una vez recuperada la libertad tras  tres meses de cautiverio por parte de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Colombia, no desarrolló el Síndrome de Estocolmo, pero sí confiesa en algún momento haber sentido lástima por sus secuestradores. "Yo los veía igual de atados que yo".
En cualquier caso, el Síndrome de Estocolmo caería dentro de la categoría de efecto postraumático cuyo tratamiento -según Emilio Meluk- requiere de una intervención escalonada "en el contexto de su propia comunidad y su familia".
"Si la situación es extrema, con síntomas de mucha angustia, insomnio, pérdida de control, ideas recurrentes de que el sujeto sigue secuestrado, estados de agresividad, pérdida de contacto con la realidad, etc., entonces ya pasaría a una intervención de carácter psiquiátrico, pero ya es una decisión que se hace en cada caso particular", agrega Meluk.
Quizás una de las mayores dificultades para diagnosticar este síndrome, que también es conocido como vinculación afectiva de terror o traumática, se deba a que no está reconocido por los dos manuales más importantes de psiquiatría: el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales y la Clasificación internacional de enfermedades.
"Yo diría que una buena discusión sería ver cuál es el alcance que este síndrome puede tener hoy en día. Sobre la base de la experiencia colombiana yo no le vi ningún sentido". Emilio Meluk considera que el término es obsoleto debido a que la forma de supervivencia de un secuestrado, en un momento dado, es inclinarse a favor de los secuestradores.



 
Marta López Ger
Estudiante de Criminología en la UCJC
Estudiante de Periodismo en la URJC
Blogger de páginas web de Criminología y Moda
Redactora en la Página Web “Criminología de estar por casa
Contacta mediante e-mail: martuchiger@gmail.com




[1] Este término es explicado con claridad por Andrés Montero Gómez en la revista Clínica y Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid
[2] Según datos del FBI que así lo confirman.
[3] Según explica Javier Urra, doctor en psicología y en enfermería.
[4]  Meluk

No hay comentarios:

Publicar un comentario